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domingo, 14 de julio de 2019

UN CAMINO HACIA EL ECOSOCIALISMO EN URUGUAY


Escrito por Claudio Diz

Joel Kovel, uno de los autores del manifiesto Ecosocialista y considerado uno de los principales ideólogos de esta corriente opuesta al capitalismo, nos dice que existe un camino alternativo y que la humanidad debe transitar por él para evitar el actual estado de destrucción ambiental.

A ese otro "nuevo mundo", el único posible, pues el actual rumbo que está tomando la civilización actual nos llevará inevitablemente a la destrucción masiva, deberemos llamarlo de alguna forma: ecologismo de carácter social, humanitario y comunitario, o socialismo de carácter ecológico. No importa el nombre si lo que se persigue es el mismo fin; terminar con el mal de todos los males que representa el sistema capitalista y su etapa superior: el corporativismo y su instrumento de dominio, la globalización.

Por eso, cuando desde algunos sectores políticos ecologistas más lúcidos y radicales nos oponemos a los Tratados de Libre Comercio (TLC), en el fondo nos estamos oponiendo a la globalización, y cuando nos oponemos a la globalización (que no es un invento de los pueblos sino de las corporaciones transnacionales) nos estamos oponiendo al propio capitalismo en sí. Sistema excluyente en los social, depredador en lo ambiental y explotador del trabajador en lo laboral, ahora ayudado y revitalizado por una legión de máquinas automatizadas y robotizadas, pero la mención sobre los adelantos de la ciencia y la tecnología al servicio supremo del capitalismo quedará para otro capítulo.

Volviendo al ecosocialismo y sus posibilidades, observamos que el Primer Mundo industrializado y desarrollado ha alcanzado niveles de confort nunca vistos antes, pero a un costo ambiental tremendo. Como un castigo de la propia naturaleza, observamos que los efectos del cambio climático se hacen sentir con mayor rigurosidad en el hemisferio norte que el hemisferio sur donde nosotros vivimos. Este año en Europa están sufriendo los veranos más calientes de la historia, con temperaturas promedio de 45 grados centígrados y los inviernos más crueles, con temperaturas muy por debajo del cero, que han cobrado víctimas fatales.

Los europeos, con un nivel cultural y educativo muy superior al nuestro, que además proviene de una historia milenaria, su población más culta se pregunta y cuestiona si vale la pena pagar el precio ambiental y ecológico de tanto consumismo y tanto derroche de materias primas y energía, de tanto bienestar material. Sí ya no es hora de adoptar formas de consumo más ecológicas y amigables con el medio ambiente, e incluso hablan de “decrecimiento” como una de las salidas para atenuar la crisis ambiental. En ese sentido han crecido notablemente las bancadas de los partidos verdes europeos, pero éstos en su mayoría adhieren a alianzas políticas con los partidos laboristas y socialdemócratas, donde dentro de esas alianzas no se cuestiona para nada las formas de producción, distribución y consumo capitalista. El colaboracionismo verde con esos gobiernos laboristas ha llevado a logros ambientales menores como evitar los plásticos de un solo uso y ponerle fin a la producción de las viejas lámparas de filamento; algo así como querer curar un cáncer con aspirinas. Mientras los europeos buscan soluciones tecnológicas (dentro del propio capitalismo) para atenuar la contaminación; algo muy común en el ambientalismo, y para eso debemos aprender a distinguir bien entre ambientalismo, ecologismo y ecosocialismo, los Acuerdo de París sobre el clima que engloban a las superpotencias está muy lejos de cumplirse.

Pero al mismo tiempo está naciendo un fenómeno social contestatario por fuera de esas jerarquías partidarias, movimientos ciudadanos autoconvocados que promueven formas alternativas de vida, quieren preservar otro mundo para sus hijos, saben que el mundo está yendo para un precipicio, pero no logran descifrar o alcanzar a ver una salida a la debacle económica, social y ambiental que ha llevado el sistema capitalista. Se hace necesaria una nueva mirada al campo y se hace necesaria una nueva forma de organización social, lo que denomino Ecosocialismo o ecologismo de carácter social.

Ya en el Tercer Mundo no existe tal cultura, tal grado de desarrollo material, no le podemos hablar de “decrecimiento” a un paisano de tierra adentro, que tiene que ir todos los días a sacar agua de un pozo para satisfacer sus necesidades, y los servicios eléctricos o de telecomunicaciones difícilmente funcionan en su pueblo; el que tiene que transitar a caballo varios quilómetros para llevar sus hijos a la escuela ¿Cómo es posible hablarle de ecologismo o socialismo a una persona que está acampando en un local comunal desde hace semanas porque su casa se inundó con el desborde del río? De lo último que quiere saber esa persona es de “ideología” y lo que más le interesa es volver lo más pronto posible a SU CASA, a poder estar con SU FAMILIA y a poder volver a SU TRABAJO, y remarco el posesivo “su”, porque el individualismo y el sentido de posesión en nuestra campaña es de carácter histórico y cultural.

Cuando se habla de erradicar el capitalismo es necesario dejar en claro que ciertas cosas materiales, ciertas “propiedades” deben permanecer como cicatrices en el cuerpo, porque la gente nace con ellas, se educa con ellas y muere con ellas. Tratándose de Uruguay, no podemos “adaptar” a determinados grupos sociales a nuestra ideología ecosocialista, sino que nuestra ideología se debe adaptar a ellos. Si el sueño de cada trabajador campesino uruguayo es tener su casa propia (propiedad privada) dejemos que la tenga, es más, ayudemos a que la tenga. Pero eso no nos debe quitarnos la oportunidad de decirle y demostrarle con pruebas científicas que el mundo que se viene es muy diferente al mundo que él conoce. Mostremos fotos, vídeos, ejemplos de vida de otros pueblos que ya pasaron por esas experiencias. Demos la oportunidad de elegir entre vivir en el lugar y en la casa que vivieron sus abuelos y sus padres pero que ahora se inunda, o vivir junto a sus vecinos en una Ecoaldea; un poblado ecológico y autosustentable en materia de agua potable, energía y producción alimentaria. Zona libre de cualquier impuesto municipal, construido con el aporte solidario y el esfuerzo de personas como la del señor mencionado en el ejemplo. No podemos imponer a la fuerza estilos de vida desde una ideología, sólo por el hecho de que algunos intelectuales o iluminados la consideran “correcta”. De eso se encargan los gobiernos dictatoriales y tiranos. Debemos dar alternativas de vida consideradas libertarias y de izquierda, como es el ecosocialismo, pero respetando los momentos educativos, culturales y de desarrollo material que cada pueblo o cada región tiene, en caso contrario corremos el riesgo de caer en un discurso panfletario muy propio del marxismo ortodoxo. El fracaso de esa “política impuesta” lleva a la derrota de los movimientos libertarios y a su vez, ayuda a los partidos burgueses y socialdemócratas a sacar provecho de las debilidades humanas; tal como lo han venido haciendo hasta ahora en Uruguay y la región.

viernes, 27 de febrero de 2015

EVO MORALES, EL OTRO FRAUDE POPULISTA


Escrito por Claudio Diz

Cuando los mandatarios populistas y neoliberales de nuestro continente hablan de “integración”, siempre asocian esta palabra con el concepto de comercio y vías de comunicación; jamás mencionan los otros dos conceptos necesarios de integración: la integración social y cultural


Los presidentes de Bolivia y Uruguay participaron en una reunión en la Torre Ejecutiva en la que firmaron cinco acuerdos bilaterales. Entre los acuerdos está la salida al mar para Bolivia a través del proyectado Puerto de Aguas Profundas en el departamento de Rocha. Otros acuerdos firmados son sobre transporte, contra la discriminación racial, derechos humanos, tratamiento de agua potable y minería.

“Estamos convencidos que las hidrovías, carreteras, aeropuertos y acceso a los puertos es una integración de nuestros pueblos y complementariedad del comercio”, remarcó Evo Morales, pero … ¿será cierta esa afirmación que es una integración entre los pueblos?

Primero debemos observar que cuando los mandatarios populistas y neoliberales de nuestro continente hablan de integración, siempre asocian este concepto con el comercio y las vías de comunicación; jamás mencionan los otros dos conceptos de integración: la integración cultural y la integración social, que son las dos premisas necesarias para que la integración no sea parcial o incompleta entre pueblos y regiones. Para que ésta sea integral deben contemplarse también los derechos de los pueblos, su cultura y el respeto por el cuidado del medio ambiente donde habitan.

EL IRRSA EN BOLIVIA


IIRSA se le denomina a la iniciativa para la “Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana” [1]. Es una extensa red de carreteras y vías de comunicación diseñados con el fin de que todo el continente sudamericano de norte a sur y de este a oeste quede conectado; donde se unen ríos y cuencas atravesando áreas protegidas o de reserva de biosfera, áreas donde viven comunidades indígenas en forma natural o de reserva (reservas indígenas protegidas por ley), etc., para poder extraer, explotar, transportar y exportar de una punta a la otra de ¿nuestra? América, las riquezas que significan los bienes naturales que existen en el continente en abundancia.
Los bienes naturales siempre estuvieron, los capitales extranjeros y la tecnología ya están, los gobiernos populistas serviles ya hicieron las leyes para el despojo, sólo faltaba construir la infraestructura continental para que sea posible drenar toda esa riqueza hacia las metrópolis industrializadas y los mercados asiáticos emergentes, y en ese arduo trabajo se encuentran los gobiernos firmantes del tratado, entre ellos los gobiernos populistas de Bolivia y Uruguay

EL CONFLICTO EN EL TIPNIS




El 25 de septiembre de 2011 fueron reprimidos más de 1.600 indígenas en la localidad de Chaparina (Bolivia), en plena marcha hacia la ciudad de La Paz durante el segundo gobierno de Evo Morales. Estos iniciaron una marcha pidiendo diálogo con el presidente de la república en rechazo a la construcción del segundo tramo de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, que atravesaría el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Securé (TIPNIS). Al 25 de setiembre del 2013, todavía continuaba la impunidad sobre la represión militar. Nunca se hizo justicia; sólo amedrentar, manipulación y mayor vulneración de los derechos indígenas y de organizaciones e instituciones solidarias. [2] Los heridos de la represión ordenada por el gobierno de Evo Morales constan en las actas médicas de la época. [3]


LEY SOBRE MINERÍA EN BOLIVIA Y URUGUAY


¿Qué tendrán en común la promulgación de nuevas leyes mineras en ambos países? Tienen en común el secretismo con el que fueron hechas, a espaldas del pueblo, y el favoritismo hacia los intereses foráneos o de empresas multinacionales.

En Bolivia, diferentes pronunciamientos expresan el descontento de las organizaciones sociales frente a la Ley de Minería (Nº 535) denunciando las consecuencias por la aprobación de esta ley no consensuda. En abril de 2014, alrededor de treinta organizaciones sociales y civiles acordaron exigir al gobierno la paralización de tratamiento del proyecto de Ley de Minería y Metalurgia, en tanto la misma no sea consensuada y socializada con todo el pueblo boliviano en su conjunto. Así mismo, se declaró la urgencia del tratamiento y aprobación previos de las leyes de consulta y agua con todos los sectores sociales del país en un voto resolutivo emitido en el marco del evento “Mesa de diálogo: Efectos y alcances del proyecto de ley de Minería y Metalurgia”. 

LA LEY MINERA BOLIVIANA VULNERA DERECHOS SOCIALES Y AMBIENTALES

Al igual que en Uruguay con la Ley de Minería de Gran Porte o también llamada Ley Aratirí y bajo régimenes de gobiernos populistas se promulgan leyes mineras que chocan contra los derechos civiles de las comunidades afectadas y contra el derecho al cuidado del medio ambiente.



RESOLUCIÓN CUMBRE SOCIAL SOBRE LA LEY MINERA EN BOLIVIA

En fecha 5 y 6 de junio de 2014 en la ciudad de Santa Cruz las organizaciones abajo firmantes y ante ausencia de respuesta de gobierno a las resoluciones de la cumbre social de La Paz, nos reunimos para analizar y debatir y definir las acciones que se deben tomar como organizaciones sociales urbanas y rurales de Bolivia frente a la Ley Minera y Metalurgia Nº 535 recientemente aprobada y promulgada, llegando a las siguientes consideraciones.

CONSIDERACIONES
La Ley Nº 535 Minera y Metalurgia ha sido elaborado solo por los actores mineros y aprobada por la Asamblea Legislativa Plurinacional sin considerar la participación del resto de la sociedad civil – los pueblos indígenas y poblaciones de tierras bajas en particular- a pesar que los minerales son de dominio originario del pueblo boliviano en su conjunto y que los impactos de la minería alcanza principalmente a los pueblos indígenas y originarios.

La Ley Nº 535 Minera y Metalurgia antepone derechos preconstituidos y derechos preferentes para los mineros por sobre los derechos individuales y colectivos de pueblos indígenas y de todo el pueblo boliviano, centros poblados, ríos lagunas, vertientes, sistemas de riego de agua potable que son medios de vida y subsistencia de las comunidades, áreas protegidas, constituyendo territorios mineros ilegales con derecho no solo sobre minerales sino sobre suelo, agua, aire, bosques inviabilizando todo aquello que se requiere para la vida y subsistencia.

El nuevo régimen minero, dispone de manera arbitraria todo el territorio nacional para la actividad minería depredadora levantando las reservas fiscales y reduciéndolas a 5 años; eliminando por lo tanto cualquier posibilidad de diversificar y potenciar las vocaciones productivas económicas y culturales adecuadas a la pluralidad de los pueblos, naciones indígenas y pueblo boliviano en general.

En cuanto a la distribución de los recursos por la explotación de minerales, la Ley Nº 535 no cambia el régimen de regalías a pesar del incremento de precios de los minerales. Asimismo valida los contratos con transnacionales heredados del neoliberalismo entregando nuestras riquezas a cambio de migajas que ni siquiera sirven para reparar los daños que dejan a los pueblos, al territorio y al medio ambiente.

Consolida la política de expansión de la minería en tierras bajas de Bolivia y consolida la sobre posición de áreas mineras a territorios indígenas, parques naturales y áreas de alto valor natural, produciendo impactos, embargando la voz de las comunidades, los municipios y la población que sufre por los impactos. Profundiza las condiciones para que la minería continúe contaminando, degradando y destruyendo agua, suelos, ecosistemas; vulnerando como en el caso del agua el derecho a la vida.

Desconociendo lo ya avanzado en relación a los derechos colectivos, la Ley Nº 535 vulnera los principios de la consulta previa reconocidas por la Constitución Política del Estado y convenios internacionales de derechos de los pueblos indígenas dejando de ser previa, obligatoria, vinculante, informada de buena fe, desconociendo las normas y procedimientos propios de las comunidades. Además de ser atentatoria a otros derechos colectivos constitucionalmente reconocidos como el de la gestión territorial, ambiental y a autodeterminación.

En este sentido la Ley Minería y Metalurgia claramente atenta los derechos de los pueblos indígenas vulnerando la Constitución Política del Estado, la Declaración de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas y el Convenio 169 de la OIT; así como los derechos colectivos, individuales y universales como el derecho al agua, a la salud y alimentación, y a gozar de un medio ambiente sano.

Por todo ello, RESOLVEMOS:

1. Las organizaciones sociales manifestamos nuestra firme voluntad de luchar por nuestros derechos, hacer respetar nuestros territorios garantizando la vida de las generaciones venideras en convivencia pacífica y de armonía con la naturaleza.

2. Para este propósito profundizaremos el proceso de difusión e información y llamamos a la sociedad civil de tierras bajas y tierras altas a aunar esfuerzos para esta resistencia.

3. Alertamos que otras normas (Ley de Hidrocarburos, Ley de consulta previa, Ley de tierras, Ley de bosques) siguen la misma línea de vulneración de los derechos de pueblos indígenas, originarios y del país en su conjunto.

4. Destacamos la importancia del agua como medio de vida y como derecho a la vida que se ven vulnerados con la contaminación minera que la Ley Minería y Metalurgia permitirá; en este sentido ratificamos la importancia de aprobar el Proyecto de Ley Marco de Agua.

5. Declaramos la inconstitucionalidad de la Ley Nº 535 de Minería y Metalurgia y exigimos su inmediata abrogación por ser atentatoria a los intereses del pueblo boliviano. Como organizaciones sociales iniciaremos los recursos legales necesarios para alcanzar este objetivo.

6. Autorizamos y respaldamos a la Coordinadora de Defensa de la Vida y los Recursos Naturales ante la Ley de Minería hacer las gestiones para hacer cumplir las presentes resoluciones.

7. Nos declaramos en estado de emergencia y permanente movilización a los pueblos indígenas, naciones originarias, campesinos, sistemas de riego y agua potable municipios y centros poblados, juntas vecinales, universitarios, colectivos y movimientos urbanos y sociedad civil en general para resistir en los territorios donde la minería está avanzando y vulnerando nuestros derechos especialmente el derecho al agua y para apoyar el proceso de resistencia a esta Ley.

8. Damos plazo de 30 días para su abrogación; caso contrario nos reservamos el derecho a las medidas de presión pertinentes.

Coordinadora de Defensa de la Vida y los Recursos Naturales ante la Ley de Minería
Confederación de pueblos indígenas de Bolivia – CIDOB
Central Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia – CNAMIB
Central Indígena de Comunidades Originarias de Lomerío – CICOL
Central Originaria de Pueblos Nativos Guarayos – COPNAG
Organización Indígena Chiquitana – OICH
Asamblea del Pueblo Guaraní – APG
Comunidad Campesina los Reyes de Monte Verde
Central Indígena de Bajo Paragua – CIBAPA
CODAPMA
Central Indígena Provincia Ángel Sandoval – CIRPAS
Central Pueblos Étnicos Moxeños del Beni – CPEMB
Central Indígena de la Región Amazónica de Bolivia – CIRABO
Territorio Indígena Multiétnico II – TIM – II
CRTCC
CCSP
Capitanía Alto y Bajo Izozo – CABI
Comité de Gestión de la reserva de la vida Silvestre Tucabaca
Comité Cívico de Robore
Regantes de Norte Potosí
Regantes de Santa Cruz
Central Departamental de Trabajadores Asalariados del Campo de Santa Cruz – CDTAC
Urus
Movimiento Sin Tierra Santa Cruz - MST – SC
Bartolinas Sisa
Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia – APDHB
Estudiantes de la Universidad Autónoma Gabriel Rene Moreno – UAGRM
Estudiantes de la UDABOL
Foro Vecinal Bloque Oriente
Coordinadora Nacional de Afectados por la Minería y Protección del Medio Ambiente de Bolivia – CONAMPROMA
Coordinadora en Defensa de la Cuenca del Rio Desaguadero y los lagos Uru Uru y Poopo – CORIDUP
Coordinadora Departamental en Defensa del Medio Ambiente de Potosí – CODEMAP
Consejo de Ayllus y Marqas de Cochabamba – COAMAC

EL FRAUDE POPULISTA

Este fenómeno de depredación ambiental y de confrontación con la cultura y derechos civiles de los pueblos afectados, así como la transferencia de los bienes naturales propios hacia el exterior, se sucede en toda Latinoamérica; tanto con gobiernos neoliberales de derecha, como de la izquierda populista gobernante. Entonces se produce una contradicción de intereses que tanto el neoliberalismo de derecha, como el populismo desarrollista de izquierda no han podido resolver. Cabe a la sociedad organizada y a los nuevos partidos ecologistas y ambientalistas del nuevo tiempo, que tienen la herramienta de la Ecología Política para interpretar la realidad, ponerse a la vanguardia en las luchas populares para evitar el pillaje de nuestros bienes naturales y la consabida depredación ambiental que se agudiza bajo los planes del IIRSA y el COSIPLAN [4]. Un esquema de saqueo y agotamiento de las materias primas, idealizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y encabezado y liderado en América Latina por Brasil. Pero ese esquema de saqueo ya en curso que no ha resuelto el problema de la pobreza, tiene un precio: ya se percibe el daño ecológico en nuestros países. Graves sequías, crisis hídrica en el Sistema Cantareira que abastece a San Pablo (Brasil) por la deforestación del Amazonas, calores extremos, inundaciones frecuentes y nunca vistas en nuestros países, fríos con temperaturas extremas abajo de cero en Norteamérica. El antiguo glacial Chacaltaya que durante 18.000 años reinó en los Andes bolivianos se derritió totalmente. Chacaltaya, que lengua Aimara significa "Camino Frio" comenzó a derretirse en 1980 y hoy no existe más. Un precio ecológico bien alto y sin retorno para nuestros pueblos, ya que el tibio bienestar logrado en algunos países (incluido Uruguay) es fruto del endeudamiento externo. Los gobiernos populistas latinoamericanos emiten deuda en forma de bonos, para amortizar la deuda creada anteriormente. Una bola de nieve que crece sin cesar hasta que toque piso y explote dentro de algunos años. Ya para ese entonces quizás no tengamos agua para digerir los sinsabores y el mal ocasionado a las futuras generaciones.

viernes, 31 de octubre de 2014

EL PRESIDENTE MUJICA SALE A LA CAZA DEL VOTO HALLOWEEN



Escrito por Claudio Diz

Con los resultados en la mano de la primera vuelta electoral, donde el Frente Amplio obtuvo un 48% de votos escrutados, el presidente Mujica sale a buscar el voto por derecha.

Curiosamente en plena campaña electoral, las empresas del Estado, principalmente Antel y Ancap triplicaron el gasto en publicidad en todos los medios de difusión. También se pudo apreciar el gasto en publicidad de algunos ministerios, como el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, donde se “informa” a la población de los logros obtenidos en estos cinco años.

Desde el punto de vista legal, no existe ninguna norma que indique que las empresas estatales no puedan hacer publicidad previo a las elecciones, pero desde el punto de vista ético deja mucho que desear, ya que otros partidos políticos no tienen capacidad de réplica ante el sentido que se le da al mensaje proselitista. Por ejemplo: la publicidad de Ancap "preocupada por el cuidado del medio ambiente" es falsa, pero ese tema lo dejaré para otro artículo.

Junto a la publicidad estatal también aparece el presidente de todos los uruguayos, apoyando públicamente a Tabaré Vázquez y haciendo comentarios proselitistas, burlando la letra de la propia Constitución que no permite a un presidente en ejercicio intervenir directamente en campañas electorales.

EL VOTO DERECHISTA O VOTO HALLOWEEN

Con los resultados en la mano de la primera vuelta, donde el Frente Amplio obtuvo un 48% de votos, el presidente Mujica afila el lápiz y sale a buscar el voto por derecha, pues por la izquierda y por el centro ya está todo dicho.

Según informó en el día de ayer la prensa, la Suprema Corte de Justicia analizará el pedido del presidente de la República, José Mujica, de otorgar el beneficio de la prisión domiciliaria a los militares recluidos en Domingo Arena, a raíz de una recomendación de la Cruz Roja Internacional, basada en “estrictos motivos de salud”. ¿Qué tal?

No es la primera vez que el presidente Mujica se preocupa por “la salud” de los asesinos y torturadores recluidos, pero llama profundamente la atención que justamente ahora, a pocas semanas de la segunda vuelta electoral, vuelva a insistir con el mismo tema. ¿Habrá voto Halloween para el Frente Amplio en el balotaje?

EL VOTO ECOLOGISTA


Escrito por Claudio Diz

Desde nuestras filas emprenderemos un camino de transición para lograr mayorías entre los compañeros que participaron en las marchas contra la megaminería, la defensa del agua, la tierra y los bienes naturales; contra la creciente extranjerización del país, y contra los imperialismos o bloques de poder formados en Asia y Norteamérica.

Con el 99,6 % de los votos escrutados y el 0,8 % de porcentaje de votos obtenidos, el Partido Ecologista Radical Intransigente (Peri) no alcanza el porcentaje necesario para obtener una representación parlamentaria en diputados. En ese sentido, su líder César Vega trabajó arduamente y no quiso alianzas electorales con otros partidos también menores.

Ayer el candidato perista hace declaraciones a Canal 10 donde se lamenta del resultado obtenido. “Se imaginan el relajo que hubiéramos armado en el Parlamento si la gente hubiera votado más a los partidos chicos” dijo Vega textualmente a la periodista del canal.

En junio pasado, en plena campaña para juntar los 500 convencionales necesarios para llevar a cabo la convención partidaria requerida por la ley electoral, el líder del Peri le pega fuerte a otro pequeño partido de tendencia ambientalista surgido en Maldonado (Partido Unidos); diciendo que su líder y fundador trabajaba para el MPP y estaba creando un espacio político para perjudicarlos a ellos. Luego este pequeño partido no logra los 500 votos necesarios en las elecciones internas de junio y no consigue presentarse a estas elecciones.

Posteriormente, el Peri consigue juntar los 500 convencionales necesarios ayudado por la juntada de firmas en la feria de Tristán Narvaja los domingos, aunque después declararon que se haría el "descarte" o la limpieza de la gente que firmó la planilla pero no era del partido.

Ya con las encuestas de Equipos y el Canal 4 que le daban 1% de intención de votos (los necesarios para un diputado), en octubre se produce un quiebre o crisis interna que le provoca el alejamiento de varios valiosos militantes, unas cincuenta personas, según el ex militante Leonel García Laviano, miembro fundador del partido. Ese hecho también motivo un intercambio de acusaciones con los "compañeros de intemperie" del 26 de Marzo (UP) por las declaraciones de estos militantes en CX 36 radio Centenario.

Con referencia a la relación entre César Vega y el Partido Verde, el candidato por el Peri jamás tuvo la más mínima intención de lograr nuestro apoyo; no tanto por el caudal de votos que calculamos en apenas unos pocos miles, sino en términos de militancia partidaria para distribuir listas y conseguir representación en departamentos donde el propio Peri no pudo participar por falta de gente. Tampoco la hubo desde la UP (1,1 %), pero este conglomerado político cuenta con varios partidos de reconocida trayectoria, entre los que se encuentra el 26 de Marzo que cuenta con una radio (CX 36, radio Centenario) y un diario (La Juventud), también con el Partido Humanista que se viene consolidando desde hace varios años. Por otra parte, César Vega también rechazó un acuerdo electoral con el Partido de los Trabajadores (0,1%), otro pequeño partido de izquierda que tuvo que desempeñarse en absoluta soledad en estas elecciones.

¿Votar a los partidos chicos ahora con el diario del lunes? Con esos antecedentes de “unidad” y visión política, será difícil conseguir algo a pesar de los consejos del Pepe: "de esto tenés que hablar, esto no". Tal vez para Vega y el alemán Peter (Partido Unidos), sea el momento de dejar el ego y las aspiraciones personales de lado, y pensar en términos colectivos, ya que los partidos políticos no son una empresa unipersonal. El tiempo dirá: o corrigen el rumbo o morirán en la orilla.

Desde Los Verdes emprenderemos un camino de transición para lograr mayorías entre los compañeros que participaron en las marchas contra la megaminería, la defensa del agua, la tierra y los bienes naturales; contra la creciente extranjerización del país, y contra los imperialismos o bloques de poder formados en Asia y Norteamérica. Contra los TLCs que matan a nuestros pequeños empresarios y contra el viraje del gobierno frenteamplista hacia el bloque del Pácifico con la finalidad de revivir el frustrado ALCA, del cual el comandante Hugo Chaves tanto se opuso, sabiendo que no somos el patio trasero ni la granja barata de nadie.

jueves, 3 de julio de 2014

MODELO AGROINDUSTRIAL CAUSA DESASTRE ECOLÓGICO


Escrito por Claudio Diz


Las lluvias obligaron a abandonar sus viviendas a 300.000 paraguayos, 50.000 brasileños y más de 12.000 argentinos. Autoridades de los tres países evalúan conformar un comité de crisis

Los desastres ecológicos no reconocen fronteras. Las fronteras fueron inventadas por intereses económicos y comerciales para poder dominar y explotar a los pueblos; para el robo y pillaje de nuestros bienes naturales (materias primas), ahora bajo las pacíficas y modernas técnicas empleadas: régimen de Zonas Francas, Tratados de Protección de Inversiones, Tratados de Libre Comercio (TLC), los cuales nuestro gobierno “progresista” e “izquierdista” subscribe sin reparos. Mecanismo por el cual las materias primas de la región son drenadas hacia el exterior a bajos precios y libres de impuestos (el gran banquete), mientras nuestros economistas de la Escuela de Chicago se conforman con algunos puestos de trabajo que las empresas multinacionales necesariamente tienen que dar (las migas). Todo ese esquema apuntalado y financiado por los organismos internacionales de crédito para la creación o modernización de una infraestructura vial que facilite su traslado en tiempo y forma (Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

La constante deforestación de la región amazónica para captar tierras destinadas a la cría de ganado, la implantación del modelo agroindustrial sojero (desiertos verdes), que son millones de hectáreas destinadas a las plantaciones de soja transgénica y la construcción de grandes represas hidroeléctricas que le suministran energía barata al modelo agroindustrial, han provocado una grave crisis ecológica a nivel regional que ahora afecta a los cuatro países del Mercosur por consecuencia de las intensas lluvias caídas en las últimas semanas.

El equilibrio ecológico del micro clima regional conformado por la Mata Atlántica (una extensa zona de vegetación natural a lo largo de la zona costera brasileña, de la cual sólo queda el 7%), junto a la constante tala de árboles en la región amazónica, son causas importantes de las abundantes lluvias que afectarán en primer lugar a las poblaciones más humildes, a los trabajadores del campo y sus familias. Nunca afectarán a las poblaciones de los países ricos hacia donde van destinadas las exportaciones de soja y algodón transgénico, la carne vacuna y la celulosa; los principales productos de exportación que ahora ocupan lo que antes era un ecosistema natural que regulaba el ciclo del agua.

CUANDO EL COMUNISMO Y EL NEOLIBERALISMO COMPARTEN LOS MISMOS OBJETIVOS

Los defensores del “desarrollismo” y nuestros economistas frenteamplistas formados en la Escuela de Economía de Chicago argumentarán que este desastre ecológico y sus consecuencias son el precio a pagar para que haya más empleo. La cúpula sindical del PIT-CNT dominada por el Partido Comunista del Uruguay (PCU) y otras corrientes socialdemócratas frenteamplistas de menor peso han salido a defender reiteradamente este modelo desarrollista, de la misma forma que lo hace la dirección del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, cuya cúpula de antiguos dirigentes se encuentran presos por corrupción.


Es obvio que todos queremos más puestos de trabajo, y que sin trabajo no es posible la supervivencia en un mundo que se caracteriza por el consumo de productos superfluos e innecesarios. Productos que van desde lo material (el último modelo de teléfono celular) hasta productos culturales como el torneo de la Copa FIFA 2014, en el cual se induce a las masas a confundir patriotismo con patrioterismo y sano deporte con negociados y corrupción. Nunca faltará algún presidente o alto jerarca gubernamental que esté dispuesto a sacar provecho político o electoral de esa confusión de conceptos.

El ecologismo no propone retroceder al 8500 a. C y volver al periodo neolítico porque nunca salimos de él. Proponemos alcanzar un desarrollo mental y espiritual que le permita ver a la mayoría de los mortales que la Humanidad va por un camino equivocado. Proponemos un modelo productivo que esté en función de las necesidades reales del hombre y no de las necesidades del Mercado.

En el neolítico el hombre deja de ser nómade y se hace sedentario. Aprenden a plantar semillas y cultivar su alimento, así como a criar animales para su consumo. ¿Ha cambiado algo? Sí, ahora el hombre no recolecta el fruto de su trabajo sino que compra los víveres en el supermercado. No cultiva la tierra para el consumo de su clan sino que son las grandes empresas trasnacionales y sociedades anónimas que lo hacen para exportar la carne, la soja, la celulosa; o metales y petróleo en otros países. El hombre moderno se hizo tan sedentario que se volvieron necesarios los gimnasios deportivos para evitar la obesidad.

Hace 10.500 años surge la metalúrgica, se fabrican herramientas, se desarrollan técnicas de navegación, el comercio y se inventó la rueda. La rueda comenzó a rodar pero cuesta abajo. Hemos salido en naves a la estratosfera pero todavía desconocemos la existencia de centenas de plantas que pueden curar algunas enfermedades; pero éstas ya no existen porque en su lugar crece la soja y el eucaliptos.

¿Hemos salido del neolítico? Nos encontramos comunicamos en tiempo real con cualquier persona en cualquier parte del mundo, pero no sabemos cómo se llama el vecino que vive al lado de nuestra casa. En ese periodo se desarrolló el arte rupestre, la pintura en la piedra, hoy son los grafitis callejeros y propaganda política, la moderna pintura rupestre que adorna la aldea.

Tuvieron auge las creencias religiosas por la necesidad del hombre de explicarse lo inexplicable. Hoy el templo es una gran pantalla de televisión en una plaza pública y Dios es Maradona; y tal vez Luis Suárez sea un ángel expulsado al purgatorio. Si hemos avanzado en la evolución humana y salimos del neolítico que alguien me lo demuestre. Se podrá decir que se inventaron máquinas y remedios que curan varias enfermedades, pero todo fue en beneficio de la ganancia de los laboratorios y el negocio que gira en torno a la salud. Si así no fuera, los tratamientos médicos y los medicamentos no tendrían los costos en dólares.

Se podrá decir que los transportes se han desarrollado notablemente y hoy transportan millones de personas por día, pero no se dice que en Pekin o Ciudad de México los habitantes tienen que usar mascarilla para respirar o la lluvia ácida corroe y contamina todo a su paso.

¿Cultura y educación? Los hechos del día a día que se suceden en Uruguay muestran escuelas incendiadas, hechos de discriminación racial y social, violencia, patoterismo, centros de intercambio y consumo de droga en la puerta de los centros de enseñanza y hasta un Estado Narco Uruguayo que promueve el cultivo y comercialización de marihuana entre los jóvenes, ocultandole a la población los verdaderos intereses de Mr. Soros y la empresa Monsanto en lanzar su marihuana transgénica debidamente patentada. Nuestro imagen está representada en el exterior como país culto y educado por quien hoy es el actual presidente de la república: don José "Pepe" Mujica. Un ejemplo nato de marketing político dentro y fuera de fronteras Tristemente somos noticia en todos los portales del mundo a pesar de que todavía no estamos con el agua hasta el cuello.

lunes, 27 de mayo de 2013

ACERCA DE LOS PARADIGMAS, LOS SISTEMAS Y LOS MODELOS


Escrito por Fernando Rovelli

Creemos que el paradigma civilizatorio occidental entra en una fase de confusión y dispersión, no querida por la intencionalidad de sus postulados, en origen el iluminismo, pero sí provocada por el acentuado uso de tecnologías destructivas en el manejo de sus componentes. Estamos en presencia de una catástrofe paradigmática, que no debemos confundir con una crisis sistémica, porque no existen posibilidades de recomponer el rumbo trazado sin alterar completamente las invariantes que lo alimentan.

Son tiempos difíciles realmente los que nos toca vivir, cómo podemos hacer para, desde nuestros pequeños espacios vitales, escapar a las confusiones en que se arriesga la plenitud, cuando intentamos reflexionar actuando con las herramientas conceptuales de nuestra cultura mestiza, a caballo entre una racionalidad hegemónica y estos mínimos esbozos de un pensar renovador que pugna por recomponer el sentido de las palabras en su precisa configuración histórica.

La devaluación a que ha sometido el desgaste académico a los conceptos, nos compromete a cuidar el uso de las palabras como herramientas de lo decible y como símbolos de lo innombrable. Sabemos que el horizonte primigenio anuncia el cambio de paradigma de una civilización planetaria voraz y enceguecida, que no detiene su carrera ante el inminente desastre que sobrevendrá inevitablemente, poco más allá de lo pensable.

Cambio de paradigma es precisamente un vuelco necesario en la reflexión humana que debe generar nuevos conceptos o bruñir los ya opacados por un uso insustancial, como forma certera de pensar el hombre y el mundo sin los lastres del pensamiento del determinismo y sus tecnologías de apropiación.

Siempre lo paradigmático supone una extrema complejidad que hace a un conjunto en estado de indeterminación, con tal motivo el paradigma de la razón instrumental, que rige las relaciones al interior de la globalización occidental, sufre, a pesar de sus epígonos, el irreversible proceso de deterioro de sus postulados y las consecuencias destructivas para el planeta y la biodiversidad que todos conocemos. Asimismo los nuevos paradigmas que van apareciendo en el horizonte simbólico de las culturas de la rebeldía, poseen la indeterminación de lo que está aún en constante formulación y práctica incipiente.

No es posible adelantar la completitud del paradigma, no se puede modelizar a escala racional aquello indeterminado y siempre en construcción, pero sí se sufren los efectos no buscados de la aplicación de los mismos, cuando rompen los equilibrios inestables que caracterizan a todo campo de complejidad en crecimiento, o cuando agotan la imprescindible retroalimentación energética de sus componentes.

Creemos que el paradigma civilizatorio occidental entra en una fase de confusión y dispersión, no querida por la intencionalidad de sus postulados, en origen el iluminismo, pero sí provocada por el acentuado uso de tecnologías destructivas en el manejo de sus componentes.

Estamos en presencia de una catástrofe paradigmática, que no debemos confundir con una crisis sistémica, porque no existen posibilidades de recomponer el rumbo trazado sin alterar completamente las invariantes que lo alimentan.

Es posible que asistamos a la aceleración incontrolada de los elementos de la complejidad que se friccionan y fusionan permanentemente para encontrar un estado de no reposo devenido en estallido e irreversibilidad con caracteres destructivos del campo mismo de instalación del paradigma. Ello es así porque la dominancia ha cedido el inestable equilibrio y allí se ha instalado la incertidumbre con su carga de irracionalidad y energías disipativas, imposible de pensar en los términos de la razón paradigmática, pero que interviene en el núcleo mismo del campo postulado.

La posibilidad de pensar dentro del paradigma se ha cerrado por la propia secuencia de irreversibilidad de sus trayectorias y solo cabe el acontecer de la instalación de algún nuevo paradigma que recupere la armonía de la complejidad perdida.

Lo impredecible se impone más allá de toda lógica racional , condensa sin razón y a contramano, nuevos núcleos de sentido que alteran los mapas evolutivos en protuberancias aún informes que sedimentan topografías inexploradas rompiendo la geometría mensurable en términos de las leyes de aproximación que informan sobre el rumbo cósmico.

Esto ya lo sabían los antiguos, ellos conocían sobre la caída y la incertidumbre, buscaban desde tiempo inmemorial el necesario amparo y la mediación sagrada que permitía recomponer el orden del caos más allá del pensamiento y del instrumento.

Ellos nos hablaban de cosmovisiones, de mitos agónicos, de caída y transfiguración, de muerte y resurrección, para simbolizar no otra cosa que la totalidad paradigmática que daba fundamento a la instalación y a la existencia, pero entendida como humildad y pertenencia en un mundo “que así es”,en la cotidianidad del ritual de “vivir sin más” para la germinación de la semilla cósmica.

La naturaleza no es el territorio de instalación del paradigma, la naturaleza es el paradigma mismo como dador de vida y de sentido y así los antiguos pensaban lo impensable, nombraban lo innombrable, sacralizaban un espacio-tiempo de continuidad y ruptura, recuperaban la infinitud de la rueda cósmica para el desamparo de la finitud de la existencia.

Nosotros desde América tenemos el privilegio de poder descentrar el pensamiento, no asimilados totalmente a la lógica del productivismo y marginados mayoritariamente de los beneficios del consumo artificial, podemos aún pisar un suelo originario y vivir un refugio simbólico en el horizonte de una cultura mestiza y en rebeldía.

Nuestra auténtica condición de mestizos culturales habla ciertamente de nuestra imposibilidad de ser en plenitud para la razón occidental, siempre carecemos de aquello que completa la vida moderna , siempre elaboramos esas asimetrías que afean la perfección creativa, siempre, en suma, detrás de nuestras identidades construidas está la América morena, la de las desmesuras y los exterminios.

Pero esa aparente incompletitud de estar en esta tierra es también un estado de apertura hacia la totalidad, este singular desamparo es el sendero que lleva hacia el abrigo sagrado, y todo paradigma insinúa la presencia fundante de lo absoluto para poder vivir. Todo paradigma se muestra como la creación entera de la forma de estar en el mundo y ser hombre y mujer para la trascendencia.

La fragilidad de la condición humana y la intemperie de la morada cósmica nos llevan a recomponer los ritos que permitieron nuestra vida sobre la tierra y en esa condición errante andamos aunque lo neguemos desde los falsos muros de la ciudad globalizada.

Y es aquí donde se instalan los sistemas, y trasladamos nuestra desnudez originaria a las crisis sistémicas, creemos que todo se debe a la crisis financiera, energética, ambiental, productiva. Entonces lo que debe cambiar son los sistemas, es decir las construcciones humanas que modifican el suelo y prefiguran la vida de las sociedades. Los sistemas son imaginarios cerrados, sus lógicas se disparan hacia la completitud, encierran a los seres en proyectos y habitualidades que sólo tienen valor como conjunto donde todas las variables ocupan espacios asignados y se relacionan ontológicamente.

Los antiguos sistemas agrarios de las grandes civilizaciones respondían a una lógica de subsistencia y almacenamiento imbricada profundamente con los ciclos de siembra y los cursos de agua, con los equilibrios del entorno natural y con los fundamentos sagrados de sus culturas. Eran sistemas basados en la reciprocidad y el intercambio y alejados de las lógicas productivas. Y su declinación respondió principalmente a las guerras de conquista.

Los sistemas sociales contemporáneos, afirmados en el uso tecnológico de la naturaleza y en el abuso del trabajo humano, responden a una lógica intrínseca de acumulación y propiedad que acelera las fricciones internas y la destrucción de los componentes del conjunto. Son sistemas cerrados donde predomina la inteligencia especulativa y los apoderamientos individuales.

El sistema capitalista moderno, y sus múltiples subsistemas desplegados, es un sistema cerrado donde la razón instrumental se basa en la producción acelerada y la acumulación infinita, no puede detenerse ni moderar su carrera sin dañar la matriz energética que lo pone en movimiento, es un sistema cerrado que empuja ferozmente hacia sus confines a los marginados humanos y se alimenta de la sobreexplotación de los bienes comunes planetarios.

En esta última etapa de su desarrollo en las últimas décadas de la modernidad, se ha producido un hecho singular: el sistema por su irrefrenable expansión rompe los límites de equilibrio y absorbe el paradigma que lo sustenta. Quiero decir que el sistema producción-consumo incontrolado se presenta como el núcleo del paradigma occidental forzando los límites del conjunto hacia lo indeterminado que ya no puede instrumentarse desde la racionalidad operable y choca violentamente con los equilibrios naturales produciendo, no ya crisis sistémicas reparables, si no catástrofes imposibles de cuantificar en sus consecuencias y que ya estamos padeciendo.

Y aquí llegamos a lo que nos toca de cerca, el modelo. El paradigma que denominamos civilización occidental, o sociedad tecno-industrial, o sociedad de consumo que se expresa como globalización capitalista, o capitalismo tardío, o sistema de producción por apoderamiento ,genera a su vez los diferentes modelos que hacen efectivo el dominio mundial.

Los modelos son para nosotros los programas que asignan las grandes corporaciones del capital concentrado y la ciencia instrumental, a cada uno de los actores, pueblos y naciones del mundo globalizado. La asignación de roles dentro del sistema-mundo obedece a las rígidas y feroces directivas emanadas de los centros de poder que confieren a cada lugar de la tierra el imperativo de contribuir para pertenecer, de ofrendar su riqueza natural y su calidad humana en el altar del dios pensante.

Los modelos representan el lugar concreto de aplicación de la maquinaria global, por ello su principal característica es que son modelos productivos. Es decir la topografía planetaria tan rica en diversidades y matices, es tratada como un mapa de extracción de lo valioso y necesario para la reproducción sistémica.
Nuestra América y gran parte de las inmensas regiones periféricas tienen asignado el papel de productores de materias primas y productos poco elaborados para alimentar el derroche energético de los países centrales. El viejo modelo colonial no ha cambiado, simplemente se ha reconfigurado en neocolonialismo por desposesión. Y los Estados nacionales aplican mansamente las reglas dictadas para maximizar el saqueo enmascarado en desarrollo y crecimiento.

En nuestra patria el modelo agroexportador continúa siendo el eje productivo central con mayor fuerza que nunca, basta ver las inmensas áreas naturales sometidas al monocultivo y la desertización consecuente de las regiones ecológicas nacionales. El montaje industrial liviano y las sustracciones mineras completan y amplían la centralidad agropecuaria del destino argentino.

Nos hemos quedado sin modelo de país para abrazar un modelo productivo elemental con sus tremendas consecuencias ecológicas y humanas. La matriz agroindustrial succiona nuestras riquezas y a nuestras poblaciones provocando inmensos bolsones de aridez y de pobreza apenas contenidos por un Estado complaciente con las Corporaciones y mitigador de la violencia social latente.

Una democracia de baja intensidad, un parlamento desacreditado, una derecha primitiva y un progresismo enfermo de semanticidad y carente de proyecto nacional, son los elementos políticos que no alcanzan a consolidar un Estado soberano y autónomo que pueda transformar un modelo impuesto desde los centros de poder de las corporaciones. Tremenda contradicción la de hallarnos dentro de un modelo cerrado hacia su interior sin capacidad de modificar sus grandes lineamientos, y abierto a una sangría permanente hacia fuera de sus límites, donde es imposible compensar el desequilibrio de la pérdida energética entendida como capacidad nacional de tomar decisiones para el conjunto, con toda su secuela de tierra arrasada y sufrimiento humano que nos deja este eterno presente de producir para vivir peor.

La situación se agrava si echamos una mirada a la región, la América del Sur, que en el dispositivo geoestratégico imperial reproduce en cada uno de sus países el mismo modelo extractivo y apoderador. La debilidad de las fronteras nacionales provocada por zonas de difusa soberanía ,como lo son la republiqueta sojera entre Argentina, Brasil, Paraguay y el oriente boliviano, el paraguas de soberanía minera en la cordillera entre Argentina y Chile, la explotación petrolera en la Amazonía entre Perú, Ecuador, Bolivia y Brasil, sumado a los conflictos bélicos latentes y fogoneados por el complejo militar-industrial de EEUU, la pérdida de espacios marítimos sometidos a la pesca intensiva, van delineando la fragilidad de los estados nacionales que sólo atinan a sumarse a un desarrollo compulsivo para no quedar afuera. Si agregamos a ello la aparición de un neo-indigenismo de manual prefigurado por grandes ONG. de dudoso financiamiento, que reclaman legitimidades territoriales ancestrales, pero que juegan claramente para la desposesión de los espacios nacionales, completan un modelo de consecuencias impredecibles.

Pero no hay desaliento, estamos asistiendo a un hermoso y terrible cambio de época, ya se vislumbran las múltiples y maravillosas resistencias que marcan el punto de inflexión para un agotado paradigma civilizatorio globalizado. La catástrofe planetaria marca el límite mayor a la expansión de esta desquiciada sociedad tecno-racional. Una sumatoria densa de aconteceres irreversibles ya se ha instalado: la naturaleza misma torna a ser el eje que vertebra la vida y despoja al hombre de la centralidad planetaria, estamos retomando el sendero del misterio cósmico hacia más armonía y más diversidad en nuestro viaje interminable.
Millones de hombres y mujeres vamos recomponiendo lentamente el tejido primigenio, recuperamos la cultura de la tierra, defendemos los sistemas ecológicos en peligro, apelamos a los saberes ancestrales de nuestros pueblos, vivimos mejor con menos cosas, hacemos de la sencillez y la proximidad una norma cotidiana, sacralizamos la fiesta de la vida y la pura amistad.


Están apareciendo incontables manifestaciones del cambio de rumbo, corporizadas en Copenhague en la conferencia de C.C. y en todas las latitudes se generan organizaciones de rechazo al actual paradigma de saqueo. Se cuentan por miles los foros mundiales donde buscamos una voz de alerta y exploramos los nuevos senderos para caminar juntos. Las redes de resistencia se van tejiendo sólidamente a pesar de las amenazas y los nuevos embates del poder tecnocrático, y no alcanzamos a abarcar la infinita complejidad de las pequeñas alternancias culturales y los nuevos modos de vida que van adoptando lentamente las poblaciones hastiadas de tanto desatino mundial. Los organismos internacionales no pueden planificar sin tener en cuenta las voces de oposición que brotan desde los confines de la tierra, y los gobiernos nacionales no pueden acallar el grito primigenio de detener la destrucción de la vida .

En nuestra región americana son innumerables los grupos de oposición a los proyectos de desmonte de bosques y selvas, de plantaciones monoforestales y cultivos transgénicos, así como las profundas heridas de las nuevas aperturas que imagina el IIRSA y los polos industriales y mineros proyectados. Las campañas contra los agrotóxicos y las fumigaciones, contra la contaminación ambiental, contra la despoblación del campo, contra la ganadería de engorde artificial, y muchas otras resistencias a cada nuevo intento de reducción de la biodiversidad.

Las poblaciones marginadas de la vida rural y arrojadas a las márgenes de las grandes ciudades donde la vida comunitaria es imposible, comienzan a responder con acciones comunes para asegurar las mínimas condiciones de subsistencia y recuperar la dignidad y la memoria perdida. Sentimos que va creciendo un gigantesco organismo aún no consolidado, de reparación de la armonía con la Madre Tierra, vemos diariamente sumarse nuevos actores en este cambio de época que llegan con la esperanza de un mundo mejor para todos.

En un repaso somero de las nuevas y nacientes propuestas, contamos con el neoruralismo, el decrecimiento, la reconversión de las ciudades, las huertas comunitarias, las comunidades de pequeños productores, los bancos de semillas alimentarias, las asociaciones de ahorro energético, los que se niegan a concurrir a los mercados, los que salen del sistema bancario, los que descartan el uso de automóviles, los que no consumen tecnología desechable, los que producen cultura popular, los que apagan el televisor, los que practican el parto natural y la muerte digna, en fin, los millones de seres que desde el desamparo nos muestran la sacralidad de la existencia.

Estamos en el cambio de paradigma, lo que muere muchas veces no deja ver lo nuevo que nace, pero siempre ha sido así, la metamorfosis no puede aún reconocerse, los signos de los tiempos no son todavía visibles para todos, la continuidad de la vida sobre le planeta está en juego y los poderosos no se han dado cuenta. La nave tierra exige un cambio de piloto y nuevas energías que la alimenten, el rumbo puede torcerse antes de la destrucción final y estamos para ello.
Presentimos que estamos recomponiendo la dimensión simbólica de la cultura humana, estamos recuperando las cosmogonías olvidadas y los saberes totalizadores, vamos por la integralidad de la vida y la armonía natural. La ecosencillez es el nuevo espíritu de los tiempos y el iluminismo racional cede ante la iluminación de lo impensable.

El hombre está comprendiendo tardíamente que no es el centro del universo, que la génesis cósmica no ha sido imaginada únicamente para él. Que el reemplazo de los dioses mediadores no ha sido olvidado por las culturas de la autenticidad, que la razón identitaria no era más que ambición y propiedad. La lógica ensídica no puede perpetuarse mágicamente porque olvida el fundamento. La negación recupera su fuerza y arrincona los postulados universales en una positividad estéril. Ya no hay síntesis posible para esta dialéctica de la afirmación permanente. El paradigma se encuentra ya en un estado de aceleración incontrolable que provoca el choque violento de sus componentes, recordemos la inmensa verdad del Tao y de los ciclos cósmicos del calendario americano.
Nos sentimos vivos y latentes en la inabarcabilidad que excede a las lógicas sistémicas. La vigencia de nuestras demandas va más allá de una nueva recuperación del equilibrio sistémico. Hoy cuando se han roto todos los diques de contención, asistimos a una simulación de un equilibrio homeostático nunca realizado. Si todo lo real es racional quedamos afuera quienes abogamos por una existencia plena y sin condicionantes que recobre la humanidad perdida en este proyecto de conocimiento sin corazón y apoderamiento sin medida, en que el viaje transgaláctico es solo un desafío de la soberbia intelectual a los avatares cósmicos no comprendidos por el espíritu desplegado.

La transitoriedad de la historia contada por los epígonos del sistema entra en decadencia, la civilización occidental no es más que un pequeño desvarío en la gran historia de la humanidad, mientras el sufrimiento y el exterminio arrojan su fatalidad sobre las poblaciones indefensas en territorios de apropiación y ganancia. El agua, el aire y las montañas mágicas son acciones bursátiles de la ruleta financiera que anticipa un final de descalabro cósmico. Más de la mitad de los habitantes de este planeta viven mal, sufren hambre y carencias básicas sin expresarlo. Estamos en el peor de los mundos cuando la civilización nos dijo que la evolución humana nos encontraría en la abundancia de los bienes compartidos.

El sistema capitalista no puede cambiarse porque lo que debe cambiarse es el paradigma que lo sustenta; y esa transformación debe comenzar en cada uno de nosotros, es una mirada interior que busca en las profundidades del espíritu, la memoria interior de la especie y la energía primera que en nosotros repite el mensaje de todo el universo. Solamente haciéndonos cargo de este arraigo en el suelo sagrado de la existencia podremos torcer el rumbo emprendido hace ya 3 siglos en el occidente europeo.

Si volvemos a nuestra Argentina, el cambio de modelo productivo es inminente, las crisis recurrentes de un Estado en construcción que, siempre prometido y siempre negado, provoca que los gobiernos recientes no alcancen a comprender la terrible paradoja de saquear el suelo y agotar los bienes comunes para “la mejor distribución de la riqueza”. Falacia si las hay que hemos heredado de un marxismo escolarizado en los setenta y que renueva su búsqueda del “sujeto histórico revolucionario” pasando de un proletariado adormecido y fragmentado a un campesinismo y neo-indigenismo tomados como renovales del determinismo socialista. Se sigue poniendo el acento en un neodesarrollo estéril que supuestamente permite acumular las riquezas que luego serán distribuidas por las redes clientelares. Mientras se siga poniendo el acento en lo social, y no en lo ecosocial, no se logrará nunca ver la complejidad del modelo, y mientras tanto, la destrucción avanza y compromete a las próximas generaciones.

Tenemos que poner el acento en lo que nos duele, hay que comenzar ya a cambiar la matriz agroindustrial para volver a los cultivos alimentarios que nos hicieron soberanos, hay que volver a repoblar el campo con los marginados de las ciudades y para ello se necesita una planificación desde el Estado que rompa la concentración exportadora incentivando a los productores y campesinos desde organismos nacionales de producción y exportación de excedentes como los que orgullosamente supimos tener.

Un Estado Nacional fuerte y solidario es el único camino para nuestros sufridos pueblos. Esto significa también la recuperación para la Nación de la propiedad del suelo y el subsuelo, de los componentes energéticos, de los ferrocarriles, y de puertos y barcos que lleven en sus bodegas alimentos para una humanidad hambrienta.

El pensamiento nacional no se ha perdido, sigue vivo en la memoria de la tierra, en la cultura popular y en las luchas históricas del movimiento nacional, la dispersión y el extravío de las últimas décadas nos han herido, pero estamos aún en la dignidad y la rebeldía. Somos los mismos de la Patria justa y soberana, somos los mismos de la Patria Grande emancipada.

Vemos finalmente como la complejidad del actual estado de cosas implica la profunda imbricación de los paradigmas, los sistemas y los modelos. No puede pensarse ningún camino diferente si no se hace el esfuerzo por comprender la densidad del entramado que nos asfixia y para ello hay que romper las categorías analíticas de la “sociedad del conocimiento”, es decir que no podemos apelar a los postulados que desde la ciencia instrumental resultan funcionales al paradigma del desastre planetario. Debemos hacer el esfuerzo por comprender desde un pensamiento totalizante, una profunda reinversión del orden de las reflexiones para instalarnos en la intuición originaria de la vida, para arraigar y trascender desde la propia tierra y el propio horizonte simbólico de nuestra cultura. Un pensar que forzosamente debe ser asistemático, donde se recupera el valor de los símbolos, un pensar desde lo popular, que no es otra cosa que el pensar del hombre en general.

martes, 20 de noviembre de 2012

ECOLOGÍA Y DESARROLLO


Escrito por Claudio Diz -Coordinador para Jóvenes Verdes del Uruguay

No siempre el desarrollo humano y el desarrollo económico caminan por la misma senda.

Muchos de nuestros detractores adoptan una visión reduccionista o un análisis simplista de la realidad y nos objetan, entre otras cosas, de “poner palos en la rueda del progreso”, de no querer el desarrollo y la creación de nuevas fuentes de trabajo ¡Nada más absurdo y erróneo! Esta afirmación, que a veces toma ribetes de acusación, en el fondo denota una falta absoluta de información o en el peor de los casos, se hace intencionalmente para embaucar a personas honestas pero mal informadas. Antes que nada debemos entender qué significa “desarrollo”.

El concepto de desarrollo humano tiene sus orígenes en el pensamiento de Aristóteles, quien consideraba que alcanzar la plenitud del florecimiento de las capacidades humanas, es el sentido y el fin de todo desarrollo. Ese pensamiento clásico sobre el desarrollo luego fue modificando en la contemporaneidad hasta ser definido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como "el proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplían sus opciones y oportunidades". Tal definición asocia el desarrollo directamente con el progreso de la vida y el bienestar humano, con el fortalecimiento de capacidades relacionadas con todas las cosas que una persona puede ser y hacer en su vida en forma plena y en todos los terrenos, con la libertad de poder vivir como nos gustaría hacerlo, y con la posibilidad de que todos los individuos sean sujetos y beneficiarios del desarrollo. 

Nuestros detractores dicen que los ecologistas estamos contra el desarrollo y el bienestar; de golpe y porrazo nos quieren hacer parecer que estamos contra algo de lo cual todos formamos parte, pues no vivimos en una isla desierta ni en un planeta lejano. Entonces nosotros planteamos, y ahí radica la diferencia con el neoliberalismo y con el progresismo, de que no es lo mismo el “desarrollo a cualquier costo”, que el “desarrollo sostenible”; del cual las actividades extractivas, principalmente la megaminería metalífera no forman parte.

Aunque entran otros conceptos, como por ejemplo: que tipo de desarrollo beneficia a quién o a quiénes, o que tipo de desarrollo beneficia a las comunidades locales o nativas, me voy a enfocar sólo en los dos conceptos de desarrollo dentro de nuestro sistema capitalista.

El concepto de desarrollo a cualquier costo o pensando sólo en el máximo lucro empresarial, la rentabilidad, la productividad y otras variables económicas, sin medir el alcance o negando las consecuencias ambientales y los intereses económicos de las comunidades locales, choca de plano con el concepto de solidaridad intergeneracional y la posibilidad real de que el individuo sea beneficiario del tal mentado desarrollo. Por ejemplo: no existe la posibilidad real de que se corresponda el enorme destrozo ambiental irreversible realizado con la explotación minera a cielo abierto o la construcción de un puerto marítimo de enormes proporciones, con el aumento notable de la calidad de vida de los trabajadores. En los países andinos donde ya existe la minería desde hace siglos, se ha notado y comprobado que pese a las extraordinarias ganancias que obtienen las corporaciones que realizan los trabajos de extracción, el desarrollo no llega a los trabajadores y poblaciones locales que permanecen sumergidos en la mayor pobreza y con el padecimiento de diferentes tipos de enfermedades, como cáncer, enfermedades respiratorias y dermatológicas.

El concepto de desarrollo sostenible es reciente, surge a fines del siglo XX a la luz de diferentes estudios científicos que demuestran que los patrones de producción y consumo actuales no son sostenibles en el tiempo, ya que los recursos naturales no son infinitos, y a la vez este tipo de desarrollo ha provocado la gradual pérdida de biodiversidad, ha aumentado notablemente la contaminación del Planeta, ha provocado el Calentamiento Global con graves consecuencias en los patrones climáticos y el progresivo derretimiento de la capa de hielo en los polos, entre otras cosas.

El desarrollo sostenible no implica renunciar al confort, a los adelantos tecnológicos y a la suposición de que la Humanidad tiene que resignar su actual calidad de vida para cuidar y mantener el medio ambiente, sino que debe buscar las formas de conseguir un desarrollo armónico con el hábitat donde vivimos de manera que sea sostenible, pues el bienestar de los pueblos no comienza ni termina con la posesión y acumulación de mayor cantidad de objetos materiales, sino de poseer lo justo, lo necesario para un Buen Vivir, y buscar por todos los medios la distribución de lo justo y lo necesario para conseguir una mayor equidad social. Pero esa equidad social no se logrará por medio de políticas de transferencia a cambio de nada, o del asistencialismo estatal que perpetua la pobreza, sino a través de cambios profundos en los esquemas de producción capitalista, lo que redundará también en grandes cambios educativos y culturales.

jueves, 1 de marzo de 2012

CRISIS: ORÍGENES Y ALTERNATIVAS DESDE LA ECOLOGÍA POLÍTICA

Escrito por Florent Marcellesi, investigador y político ecologista

Hoy en día no faltan adjetivos para calificar la crisis: financiera, económica, productiva, social, ecológica, climática, energética, alimentaria, democrática, institucional, ética, existencial, etc… Lo cierto es que estamos viviendo una época de crisis múltiples que se superponen las unas a las otras y se refuerzan mutuamente. Hasta tal punto que hablamos de una crisis sistémica, es decir que afecta al conjunto del sistema socio-económico vigente, e incluso una crisis de valores y de civilización. En otras palabras ¿estaríamos llegando al final de la sociedad moderna emergida de la revolución industrial? En caso afirmativo, ¿qué futuro nos espera ante este éxodo fuera de la sociedad industrial y qué propuestas para iniciar esta transición hacia otro mundo posible y deseable?

Para responder a estas preguntas cortas pero altamente complejas, intentemos clarificar en grandes categorías las crisis estructurales más importantes que subyacen debajo de la crisis económica nacida en el 2008. Detrás de las crisis financieras y especulativas, siempre se encuentran crisis más profundas que tocan lo que solemos llamar la economía real (también llamada economía productiva) y la economía real-real, es decir la de los flujos de materias y energía (que depende por una parte de factores económicos y por otra parte de los límites ecológicos del planeta). Esta distinción nos permite diferenciar dos crisis fundamentales estrechamente relacionadas: la crisis social y la crisis ecológica.

La crisis social es ante todo, como en la crisis de 1930, una crisis de distribución: una desigualdad abismal entre salarios más bajos y más altos (tanto en un mismo país como entre países del Norte y países del Sur), una remuneración cada vez más alta para las rentas del capital —principalmente la parte correspondiente a los accionistas— en detrimento de las rentas del trabajo, tasas de paro y de pobreza estructurales insoportables (más de 20% para ambas en España, millones de personas precarias), etc.. Esta crisis social se ve atravesada además por la crisis de los cuidados, es decir el desigual reparto del trabajo doméstico y de cuidados (de niño/as, anciano/as u otras personas dependientes) entre mujeres y hombres. Asimismo en España, si sumamos el trabajo remunerado y no remunerado que efectúan las mujeres, ellas trabajan diariamente casi una hora más que los hombres.

La crisis ecológica es por su parte principalmente una crisis de escasez: escasez de materias primas y de energía para mantener el ritmo de la economía actual, y aún menos extenderlo a los países del Sur. El modo de producción y de consumo impulsado por el Norte no tiene en cuenta los límites físicos del planeta como lo deja patente la huella ecológica: si todas las personas de este mundo consumieran como lo/as españoles, necesitaríamos tres planetas. Mientras tanto, la humanidad ya supera en un 50% su capacidad de regenerar los recursos naturales que utilizamos y asimilar los residuos que desechamos. Es interesante constatar que, además de lo que teorizaba gran parte del movimiento ecologista en sus inicios, esta crisis ecológica no solo compromete de manera decisiva a las generaciones futuras sino que nos afecta ahora directamente a las generaciones presentes. De hecho, la crisis de las subprimes que desencadenó la crisis financiera global viene directamente de la insolvencia de personas incapaces de hacer frente a la vez a sus hipotecas y a la subida de precios de la energía y de la alimentación. O de igual manera que las revueltas del hambre de 1848, uno de los detonantes de las primaveras árabes es el aumento de los precios alimentarios debido a un conjunto de factores ecológicos (malas cosechas en los países productores de trigo debidas al cambio climático, presión sobre los precios del petróleo), socio-económicos (mal reparto de la producción agrícola local o importada y economía de la exportación en detrimento de la soberanía alimentaria) y especulativos.

De forma transversal a estas dos crisis, se suma una crisis democrática y ética: la incapacidad del sistema político actual, muy permeable a la corrupción, a responder por un lado a las expectativas siempre más crecientes de una participación real (véase el movimiento 15-M) y por otro lado al imperativo ecológico.

Salir de estas crisis no es tarea fácil, aunque tampoco existe fatalidad. Como lo prueba el caso islandés que decidió plantar cara a la socialización de deudas ilegítimas contratadas por una minoría, cualquier sociedad tiene entre sus manos la posibilidad de luchar por un futuro diferente. Esta lucha en las instituciones y en la calle es imprescindible primero para evitar varios escenarios posibles, pero no deseables, de salida de un modelo insostenible. Primero, el ecofascismo, es decir el reparto autoritario, violento y excluyente de las riquezas sociales y ecológicas, es una posibilidad por desgracia real como lo prueba no solo la historia (el nazismo fue una de las principales consecuencias de la crisis de 1930) sino también el auge cada vez más preocupante de partidos políticos e ideas de carácter xenófobos en toda Europa. Segundo, y aunque todavía de forma más remota, tampoco se puede descartar el colapso, es decir el derrumbe de las instituciones y de la organización social como ocurrió en la civilización maya en el siglo IX o pasa hoy día en Estados fallidos como Somalía. Por último, como principal respuesta a la crisis de las deudas soberanas, nos encaminamos más bien en estos momentos hacia gobiernos de corte tecnocrático que además tienen como particularidad aupar al poder personas procedentes del mundo banquero que provocaron directa o indirectamente la situación actual (como es el caso de Grecia, Italia o del Banco Central europeo).

Antes estos diferentes escenarios, también existen otros que encasillamos como salidas civilizadas y democráticas de las crisis sociales y ecológicas. Como principales rasgos, primero apuesta por la democracia real y la participación social tanto como objetivo como método para decidir entre toda la ciudadanía los esfuerzos a realizar de forma equitativa para repartir la carga de la crisis y plantear de cara al futuro otro modelo de sociedad ecológica y socialmente viable. Además realiza un cuestionamiento existencial a las sociedades modernas: ¿cómo? ¿por qué? ¿para qué estamos produciendo y trabajando? Ante un modo de vida insostenible e injusto para las generaciones presentes y futuras, y para los países del Sur, hay que poner en marcha una auténtica transición ecológica de la economía: potenciar el empleo y los sectores verdes, reducir los sectores contaminantes y especulativos, relocalizar la economía (producir y consumir localmente), repartir el trabajo remunerado y no remunerado, instaurar una renta básica de ciudadanía y una renta máxima, reducir los gastos militares, regular el sistema financiero internacional, apostar por una banca ética, construir un modelo energético basado en el ahorro y las energías renovables, desmantelar la lógica social del consumismo, apostar por un modelo de territorio sostenible, promover la soberanía alimentaria, etc.. Hoy día no faltan alternativas, ni ideas. La crisis, como cualquier punto crítico en la Historia, es una oportunidad para ‘enredar’ todas estas propuestas y poner en marcha el cambio social y ecológico.